La Tierra Prometida
Dios le dio a Abraham la Tierra de Israel como un
laboratorio para crear una nación modelo para el mundo.
La historia
temprana del pueblo judío comienza en el libro de Génesis, capítulo 12, cuando
Dios le habla a Abraham por primera vez, y continúa hasta el final del mismo,
culminando con la muerte de Iaacov y Iosef. Este segmento puede ser descrito
como la creación de la “familia” de Israel, la cual en el libro de Éxodo se
convertirá en una “nación”.
Ya hemos
estudiado que Abraham nació en Ur Kasdim, en Mesopotamia (actualmente Irak) y
luego se mudó con su padre a Jarán (actualmente el norte de Siria / sur de
Turquía), desde donde posteriormente Dios le ordenó ir a Canaán, la tierra
prometida, la cual se convertiría luego en la Tierra de Israel.
Dios le dijo a Abraham: “Sal de tu tierra… a la tierra
que te mostraré” (Génesis 12:1).
Esta es una
declaración clave, y la promesa es repetida varias veces en el libro de
Génesis. Por ejemplo:
En ese día Dios hizo un pacto con Abram, diciendo: “A
tu descendencia he entregado esta tierra, desde el río de Egipto hasta el gran
río, el Éufrates: La tierra de los kenitas, kenizitas, kadmonitas, jititas,
perizitas, refaim, los emoritas, canaanitas, guirgashitas y yebusitas” (Génesis 15:18-21).
“Y a ti y a tu descendencia después de ti entregaré
la tierra de tus peregrinaciones – toda la tierra de canaán - en posesión
perpetua, y Yo seré Dios para ellos” (Génesis 17:8).
Decimos que
el judaísmo engloba tres ideas centrales: Dios, la Torá y la Tierra de Israel.
Esta última no es un pago; Dios no le dijo a Abraham: Apóyame, y si el
monoteísmo se expande por el mundo, te daré una buena porción de bienes raíces.
Dios les dio a Abraham y a su familia la Tierra de Israel para que sea una
tierra patria única, en donde sus descendientes deberán crear la nación que
servirá de modelo para el mundo.
Un Lugar Sensible a la Espiritualidad
La Tierra de
Israel es un lugar especial; es el único lugar del planeta en donde el pueblo
judío puede cumplir su misión. Una nación modelo no podría formarse en ningún
otro lugar. Por esto, es muy importante entender la relación del judaísmo con
dicha tierra.
Y dado que
es un lugar especial, un lugar sensible a la espiritualidad, un lugar con un
enorme potencial, también es un lugar donde nos tenemos que comportar de una
manera diferente.
Porque la Tierra a la que vas para poseerla no es como
la tierra de Egipto que dejaste… los ojos del Señor, tu Dios, siempre están en
ella, desde el principio del año hasta su final (Deuteronomio 11:10-12).
A los judíos
les fue entregada esta tierra sólo debido a su misión. Si abandonan la misión,
perderán la tierra. Esta es otra lección muy importante que se repite en la
historia judía, y también es una de las profecías que se repiten más a menudo.
El pueblo judío vivirá y prosperará en su tierra sólo si mantiene su relación
con Dios y lleva adelante la misión de Abraham:
Y si
escuchas mis mandamientos que te ordeno hoy… entonces proveeré lluvia para tu
tierra en su debido tiempo… para que puedas recoger tu grano, tu vino y tu
aceite… y comerás y estarás satisfecho. Tengan cuidado, no sea que sus
corazones sean seducidos y se desvíen… la tierra no producirá su producto y
serán expulsados rápidamente de la buena tierra que Dios les dio (Deuteronomio 11:13-17).
En toda la
primera parte de la Biblia, Dios habla constantemente sobre darle la Tierra de
Israel al pueblo judío y reafirma frecuentemente ese compromiso.
De hecho, el
gran comentarista bíblico del siglo 11, Rashi, hace una pregunta con respecto a
la primera oración de la Biblia (ver Génesis 1:1): ¿Por qué Dios empieza la
Biblia con la creación del universo?
Si la Biblia
es un libro de teología para los judíos, ¿por qué no empieza con la creación de
la nación judía, para inmediatamente seguir con la historia del Éxodo, que es
cuando los judíos se convierten en una nación, reciben la Torá y entran a la
tierra de Israel?
Rashi
responde que en el futuro las naciones del mundo le dirán al pueblo judío
“Ustedes son unos ladrones. Le han robado la tierra a las naciones canaanitas”.
Y es por eso que Dios comenzó el relato de la Biblia con la creación del
universo, para decirle al mundo: “Yo soy el Creador del universo. Todo es mío.
Yo elijo darle la Tierra de Israel al pueblo judío” (1).
Argumentos de Conquista
Casi todas
las naciones del mundo basan el argumento que reafirma la propiedad de su tierra
en la conquista. Un pueblo (por ejemplo, el inglés o el español) conquistó a un
pueblo indígena (por ejemplo los indios americanos), tomó la tierra, se asentó
en ella y le puso un nombre nuevo (por ejemplo, Estados Unidos). “El poder
otorga el derecho” es el argumento histórico de casi todas las naciones de la
historia. “Del vencedor es el botín” o en este caso, la tierra.
Sin embargo,
el pueblo judío basa sus argumentos en la promesa de Dios. Es un argumento
moral, porque Dios es Dios, y Dios por definición es verdad y moralidad. Dios
le dio al pueblo judío la Tierra de Israel. Sin eso, el único argumento que el
Estado de Israel podría tener es que es más fuerte y que pudo ganar todas las
guerras contra los árabes.
Este es un
punto extremadamente importante que a menudo es olvidado por los políticos
israelíes y por quienes buscan defender al Estado de Israel – que no es un
Estado religioso y a menudo está muy lejos de los valores judíos; el darse
cuenta de que la Torá le da a los judíos su único argumento moral de posesión
de la tierra.
De hecho,
los primeros fundadores del Estado moderno de Israel, aunque no eran
religiosos, estaban profundamente impregnados con la idea de la herencia
bíblica del pueblo judío y de su conexión con la Tierra de Israel. La primera
persona que ocupó el cargo de primer ministro de Israel, David ben Gurión,
entendía la necesidad de basar un Estado israelí moderno – incluso secular – en
la biblia y en la tradición judía (veremos más sobre sionismo más adelante en
la serie).
Ishmael
Después de
que Abraham llegó a la tierra prometida, se encontró con un dilema. Sara, su
esposa, era estéril. Sin embargo, ella deseaba que Abraham tuviese
descendencia. Por esto, le sugirió que tomase una esposa sustituta, Hagar,
quien se había unido al campamento de Abraham cuando este pasó por Egipto.
Hagar, pese a ser la hija del faraón, había elegido viajar con Abraham como la
sirvienta de Sara. Las grandes personas tienen grandes sirvientes. Entonces,
Abraham tomó a Hagar como su segunda esposa y de esa relación nació un hijo
llamdo Ishmael.
Ishmael no
continuaría con la misión de Abraham. Se marcharía y encontraría su propio
linaje; todo esto está registrado en la Biblia, en el libro de Génesis,
capítulo 16.
Cuando
miramos hacia atrás en la historia, vemos que dos grandes credos monoteístas se
desprendieron del judaísmo durante los últimos 2.000 años: el cristianismo y el
islam.
El islam es
una religión que se originó con los pueblos árabes hace más de 1.300 años. Los
árabes, de acuerdo tanto a su propia tradición como a la judía, son los
descendientes de Ishmael. Uno de los grandes atributos de la cultura árabe es
la hospitalidad. Y la Biblia nos cuenta que Abraham era famoso por esto mismo.
Parece que
aunque Ishmael no continuó con la misión de Abraham, no puede evitar ser
grandioso. Aunque sus descendientes no se convirtieron en el pueblo judío,
ellos llevan dentro de sí algo de la grandeza de su padre Abraham. Él fue
bendecido. Por cierto, la Biblia dice específicamente que Ishmael va a ser
grande y que va a estar en conflicto con el resto del mundo civilizado.
“Lo llamarás Ishmael… Y será un hombre salvaje, y
su mano estará en contra de todo hombre y la mano de todo hombre estará en su
contra…” (Génesis 16:11-12).
Comienzo Sobrenatural
Cuando se
vuelve claro que Ishmael no continuará la misión, Dios le dice a Abraham, quien
entonces tenía 99 años, que Sara, de 90 años, quedaría embarazada. Y así es
como nació Itzjak, de manera sobrenatural.
Como
señalamos antes, este es uno de los aspectos únicos de la historia judía – ésta
es sobrenatural desde su mismo comienzo. Según todas las leyes de la
naturaleza, Abraham y Sara deberían haber muerto sin hijos, y la nación judía
nunca debería haber existido. Ciertamente, los judíos no deberían haber
sobrevivido, sin embargo lo hicieron y aún están acá.
Antes de que
Sara concibiese, Dios le dijo a Abraham:
“Tu esposa Sara te dará a luz a un hijo, y lo
llamarás Itzjak. Estableceré un pacto con él como un pacto eterno para sus
descendientes. Y respecto a Ishmael… lo bendigo y lo haré fructífero y lo
incrementaré en extremo. Se convertirá en el padre de doce príncipes y lo
convertiré en una gran nación. Pero estableceré mi pacto con Itzjak quien Sara
te dará a luz en esta fecha el próximo año” (Génesis 17:19-21).
Entonces,
Itzjak es la persona que continuaría con la misión de Abraham, la misión de los
judíos. Existiría una rivalidad entre Sara y Hagar, y entre sus hijos Itzjak e
Ishmael. Por esta rivalidad, Hagar e Ishmael serían expulsados. (La tradición
judía relata que después de la muerte de Sara, Abraham volvió a tomar a Hagar
como esposa y tuvo más hijos con ella (2)). Esta rivalidad continuaría por
generaciones, y es vista como la raíz metafísica de la rivalidad moderna entre
los descendientes de Itzjak (los judíos) e Ishmael (los árabes) (3).
Notas:
1) Ver
Midrash: Bereshit Rabá 1:2, Rashi, Bereshit 1:1.
2) Ver Rashi
en Génesis 25:1 – Keturá es Hagar…
3) La
tradición musulmana, como es descrita en el Corán, reintroduce a Ishmael de
nuevo en el linaje de Abraham donde usualmente es mencionado antes de Itzjak
(ver Corán Sura II, versículos 110-140). También es interesante notar que los
musulmanes celebran una festividad llamada Id al Adchah – La Fiesta del
Sacrificio, que conmemora el intento de Abraham de sacrificar a Ishmael (nótese
que los musulmanes modificaron la historia de la atadura de Itzjak, Génesis 22,
y lo reemplazaron por Ishmael).

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