El Mundo de Abraham
Entendiendo a Abraham, el “prototipo judío”, se puede
entender lo que es un judío.
La historia
judía no ocurre en el vacío. La historia de ningún pueblo ocurre así. Por eso,
antes de mirar más de cerca a Abraham, primero debemos analizar el lugar que
ocupa Abraham en el mundo de su tiempo.
Abraham
aparece en un período de tiempo conocido como la Edad de Bronce Media,
aproximadamente en el siglo XVIII antes de la era común (las primeras
civilizaciones estaban caracterizadas por el metal que más utilizaban; la Edad
de Bronce Media en el Oriente Próximo incluye el período de tiempo entre el
2.200 AEC y el 1.550 EC).
Mientras que
la mayoría de los antropólogos cree que los homínidos – los predecesores del
ser humano – se originaron en África, la civilización humana comenzó en el
Oriente Próximo en la Mesopotamia, que es donde Abraham nació.
Cuando
decimos civilización estamos hablando de gente viviendo junta en organizaciones
sofisticadas, no de simples asentamientos de cazadores/recolectores o
agricultores ni de un grupo pequeño de gente viviendo en cabañas. Hace cerca de
5.500 años, en el Oriente Próximo, hubo una evolución dramática de la
humanidad: pasó de ser principalmente nómade cazadora/recolectora – pueblos que
pasaban el día entero buscando comida – a pueblos que eran capaces de
domesticar ganado y cultivar la tierra. Esto significa que podían criar
animales para comerlos o utilizar su leche y sus cueros, y arar la tierra para
cultivarla.
Cuando
ocurrió esto, hubo un excedente de comida, lo que llevó al crecimiento de la
población. La gente tenía tiempo para hacer algo más que buscar comida
constantemente. Comenzaron a especializarse en diferentes tipos de labores
–artesanos, intelectuales, sacerdotes y guerreros. Esto, a su vez, condujo a la
creación de ciudades, al desarrollo social y político y a la creación de las
artes: literatura, ciencia y demás. De acuerdo a la mayoría de las opiniones,
las primeras civilizaciones del mundo se iniciaron en la región llamada el Creciente Fértil.
El Creciente
Fértil
El Creciente
Fértil abarca el área que se extiende desde el delta del Nilo en Egipto, la
región oriental del Mediterráneo (la sección media en donde está ubicado
Israel), hasta los ríos Éufrates y Tigris.
Los tres
grandes ríos contribuyen poderosamente a la fertilidad de la tierra y, en
consecuencia, al atractivo de esta área. El Nilo es un río increíble, es el río
más extenso del mundo. De no ser por el Nilo, Egipto hubiera sido un desierto. En
tiempos antiguos, el 3% de Egipto era cultivable y el 97% restante desierto.
También el Éufrates y el Tigris son dos grandiosos ríos: recorren lo que es hoy
Irak y Turquía, lo que los historiadores han llamado Mesopotamia, que en griego
significa “entremedio de dos ríos”.
Hay algo de
debate respecto al lugar en donde apareció la primera civilización, si en
Egipto o en Mesopotamia (específicamente en la sección de la Mesopotamia
llamada Sumer), pero nosotros estamos seguros de que la primera marca de la civilización
– la escritura – se originó en Mesopotamia.
Aunque hoy
lo damos por sentado, la escritura fue una invención tremenda. Comenzó con
pictografías. Dibujas la figura de una vara y eso representa a un “hombre”.
Después, esos dibujos evolucionaron a símbolos más abstractos que significaban
sonidos fonéticos, hasta que eventualmente se convirtieron en un sistema de
tres “letras”, cada una representando un sonido y combinándose juntas para
formar una palabra que comunicaba una idea (hasta hoy, el hebreo está basado en
un sistema de raíces de tres consonantes).
La escritura
fue la invención más importante de la humanidad y el sello distintivo de la
civilización. Toda la tecnología y el conocimiento de hoy dependen de esta
acumulación colectiva de información transmitida con precisión, que ahora se
origina tan rápido que no podemos seguirle el rastro.
“Un Alma
Parlante”
Desde una
perspectiva judía, la capacidad de expresarse – tanto escribiendo como hablando
– personifica la esencia del ser humano. Aprendemos que cuando Dios creó al
primer ser humano – Adam – “respiró un aliento de vida dentro de sus fosas
nasales y se convirtió en un alma viviente” (Génesis 2:7). La frase en hebreo lenefesh
jaia, “alma viviente” también puede ser traducida como “un alma parlante”
(Tárgum Ónkelos, Génesis 2:7).
La
Encrucijada de la Civilización
De las dos
primeras civilizaciones que se desarrollaron, Egipto es singular porque está
rodeada por desierto, y por eso es prácticamente inaccesible. Egipto es una
civilización que perduró cerca de 3.000 años. Para la supervivencia de una
civilización, eso es un periodo de tiempo increíblemente largo. ¿Por qué
sobrevivió durante tanto tiempo? Porque, gracias a su aislamiento, era una
civilización difícil de invadir (1). Hicieron falta los griegos –
específicamente Alejandro Magno – para acabar con Egipto, y entonces se
convirtió en una colonia griega.
La
Mesopotamia no tenía tales defensas naturales. Era un inmenso llano en medio de
dos de las más grandes rutas de migración de muchos pueblos antiguos. Cualquier
conquistador que salía de Asia o de Europa ponía su pie ahí. No tenía defensas
naturales – no había montañas ni desiertos – y era una tierra fértil muy
deseable.
Vemos que la
tierra en esta parte del mundo cambió de manos muchas veces y que hubo en ella
una gran cantidad de civilizaciones – asirios, babilonios, persas, griegos,
romanos y, luego, por supuesto, los musulmanes.
En este
turbulento lugar es donde comienza la historia judía – en el corazón de los
ríos Tigris y Éufrates, en la cuna de la civilización. Era el sitio lógico para
que comenzara la civilización en términos de cultura y agricultura. Y también
era lógico que aquí apareciera Abraham: ya que si su destino era cambiar el
mundo, él tenía que estar en el centro de la civilización. Si hubiera nacido
esquimal o indígena, toda la historia de la humanidad hubiera sido diferente.
Entonces, nuestra historia comienza en la antigua Mesopotamia, y desde ahí
comienza la travesía de Abraham.
Notas:
(1) Egipto,
en sus 3.000 años de historia, sólo fue conquistado tres veces: por los hicsos,
los asirios y finalmente los griegos. Comparado con la Tierra de Israel, que ha
sido conquistada y destruida docenas de veces.
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