jueves, 25 de septiembre de 2014



Parashat Nitzavim-Vaiélej
Moshe Pitchon



El capítulo 29-versículos 9 al 14- del libro de Deuteronomio proporciona las bases para una definición de quién es judío. En las llanuras de Moab, Moisés convoca a todo el pueblo de Israel para que renueven el pacto que sus padres acordaron en Sinaí. Les dice:

"Guarden, pues, las palabras de este pacto y pónganlas en práctica, para que prosperen en todo lo que hagan.
“Hoy están todos ustedes en presencia del Señor su Dios: sus jefes, sus tribus, sus ancianos y sus oficiales, todos los hombres de Israel, sus pequeños, sus mujeres, y el extranjero que está dentro de tus campamentos, desde tu leñador hasta el que saca tu agua, para que entres en el pacto con el Señor tu Dios, y en Su juramento que el Señor tu Dios hace hoy contigo, a fin de establecerte hoy como Su pueblo y que El sea tu Dios, tal como te lo ha dicho y como lo juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob.
“Y no hago sólo con ustedes este pacto y este juramento, sino también con los que hoy están aquí con nosotros en la presencia del Señor nuestro Dios, y con los que no están hoy aquí con nosotros”

Podría decirse que el concepto de "pacto" (en hebreo = brit) es una de las ideas más importantes expresadas por Literatura Fundacional de Israel.
David J. Elazar, el difunto profesor de ciencias políticas de la Universidad Bar Ilan, ha señalado que el pacto es una de los dos o tres visiones del mundo compartidas por toda la humanidad.
De alguna manera, dijo, todos los seres humanos tienen cierta propensión psicológica a las relaciones contractuales, es decir, a las relaciones transaccionales basadas en acuerdo mutuo.
En su nivel más bajo, un pacto es un acuerdo entre dos individuos, en el cual es probable que uno u otro de ellos, termine rompiéndolo, por lo que debe ser fortalecido a través de la sanción de un cuerpo legal. En su nivel más alto, es una reunión (con-gregación) de seres humanos básicamente iguales que consienten, el uno con el otro, en comprometerse con ciertos valores trascendentales.
Irv Greenberg, un rabino ortodoxo que reformula el pensamiento judío a raíz del Holocausto y el surgimiento del Estado de Israel, sostiene que el concepto de Pacto no es estático en la historia judía. Se transforma en la medida en que las crisis se desenvuelven. Mientras que otro famoso ortodoxo americano, el difunto rabino Joseph Soloveitchik expresó que en un mundo hostil todos los judíos están unidos por un brit goral, una alianza forjada por un destino común.
Aunque el tema del pacto es tocado varias veces en la Literatura Fundacional ("Brit", la palabra hebrea para pacto aparece cinco veces en este capítulo
y un total de 286 veces en todo el TaNaKh) la identidad del Israel que es parte del pacto es única en la claridad con la que está expresada en este pasaje.
El rabino Jacob Neusner, señala que los chinos no preguntan obsesivamente: ¿Quién es un chino? Y nunca se escuchó a un armenio debatir la crisis de identidad armenia, sin embargo el gobierno del Estado de Israel se enfrenta al colapso cada vez que trata de decidir quién es judío.
El problema de la identidad judía, dice el profesor de la Universidad de Chicago, Menajem Brinker, surge cuando los judíos rechazaron la autoridad de la halajá (ley rabínica) a la vez que siguen insistiendo en que son miembros del pueblo judío.
El profesor de la Universidad Hebrea, Aviezer Ravitzky, comenta que en comparación con el enfoque ultra-ortodoxo prevaleciente, el pacto, tal como lo dice Deuteronomio 29, no fue hecho solo entre Dios y las personas justas o Dios y las comunidades piadosas, sino entre Dios y todo el pueblo de Israel, desde "el leñador a aquel que saca el agua." Además, agrega el profesor Ravitzky, el pacto abarca todo el espectro de la comunidad judía en su existencia real, desde los santos a los ignorantes.
El ex -canciller de la institución ortodoxa centrista por excelencia, "la institución insignia de la ortodoxia moderna," la Yeshiva University de Nueva York, el rabino Norman Lamm escribió hace algunos años en el "New York Times:"

Cualquier afirmación de que los judíos no ortodoxos no deben ser considerados como judíos no sólo es falsa, sino indefendible, tanto en contenido como en intención.
El judaísmo ortodoxo afirma que la fidelidad a la Torá y la Halajá representa la única expresión auténtica de la sagrada tradición judía. No obstante, en modo alguno impugna la integridad de los judíos no ortodoxos. De ninguna manera pone en duda la autenticidad de la búsqueda espiritual de aquellos que sinceramente están elaborando su camino en el judaísmo y han llegado a conclusiones que pueden no estar en consonancia con las enseñanzas ortodoxas. De ninguna manera niega los derechos democráticos y humanos de cualquier judío de rendir culto o no, como le plazca.

El hecho es que hay dos formas distinguibles de abordar la identidad judía. En uno, donde el individuo es el punto de partida, el judaísmo, es un sistema de significados. Proporciona al adherente una orientación de lo que se trata la vida y de las cuestiones de preocupación última. No siempre proporciona respuestas a las preguntas personales más importantes, pero sin duda se ocupa de ellas. Otra forma es tomando al pueblo judío como punto de partida preocuparse de su existencia colectiva, buscando la creación de instrumentos públicos. No es necesario decir que estas dos orientaciones están superpuestas en las vidas de muchos judíos.

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